La belleza de lo inerte
Un trozo de roca ostionera de la región de Cádiz, un poco de cemento, hormigón, acero, cristal, un montón de números y fórmulas... todos aquellos elementos inertes que por separados los vemos como obstáculo en el camino, un posible dolor de pie entre la arena de la playa, un desecho o una conjunción irracional de elmentos realizada por un loco. En un momento dado alguien decide unirlos en algo que él podría considerar su último hijo y cobra vida delante de nuestros ojos, formando parte las vidas de todos aquellos que viven en la zona o que habitan en él.

Así, podríamos pasarnos los días viendo "hijos" de alguien en cada centímetro de una ciudad, con sus diferentes etapas vitales, desde la infancia a la vejez con sus achaques, pero cada uno de ellos emocionante en diferentes aspectos. (En la foto aparece un "infantil" Palacio de la música de Oporto, del Holandés Rem Koolhas)
Ayer se decidió que dentro de poco Sevilla tendrá un nuevo "hijo", aquel que será el primero que supere a la hija más alta de la ciudad, la Giralda, por bastantes metros además. Ojo, no digo que me guste el proyecto a priori (del argentino César Pelli, creador de las torres Petronas), pero habrá que esperar a verlo terminado.
En fin, una nueva criatura, que dará buena sombra a más de uno en las calurosas tardes de agosto en Sevilla.

c. dijo
Qué post tan bonito, amigo. Después de leerlo, he estado pensando un poco en esos maestros constructores de la Edad Media, que apenas alcanzaban, en su vida tan corta, a ver un ojo, una pierna o un brazo de sus hijas, las catedrales. Aquélla era una labor de amor, humildad y paciencia; hoy, la paciencia ya no es tan necesaria y supongo que la humildad, en muchísimos casos, se habrá perdido, igual que en el cine o en la literatura. El amor sí creo que sigue siendo el mismo. Ánimo, mucho ánimo en tus creaciones. Dentro de poquito, los espacios que tú sueñes formarán parte de todos nosotros.
27 Enero 2007 | 05:10 PM